Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Juana los defendió; me suplicó que tuviera paciencia, que cerrase los ojos. Hasta me quitó las pistolas. Cuando quise darme cuenta, lo habÃa perdido todo —contestó Venters, lleno de sonrojo—. Pero no, no lo perdà todo. Del desastre salvé un rifle «Winchester», dos pistolas y una gran cantidad de municiones que escondà en el Desfiladero de la Decepción. AllÃ, durante seis meses, casi a diario, me he ejercitado en el tiro de rifle hasta que el cañón me quemaba las manos. He practicado además, hora tras hora, el sacar y disparar las pistolas con rapidez.
—Eso es muy interesante —observó Lassiter con un movimiento de cabeza, clavando la mirada de sus grises ojos en Venters—. ¿SabÃais «sacar» una pistola antes de empezar ese ejercicio?
—SÃ. Y ahora… —Venters extrajo su pistola como un rayo. Lassiter sonrió.
—¡Vos mataréis a Tull! —lo preguntó, lo afirmó categóricamente.
—He prometido a Juana Withersteen evitar a Tull. Cumpliré mi palabra. Pero, más tarde o más temprano, Tull y yo nos hallaremos frente a frente. Si entonces siento lo que en este instante, bastará que me mire para que «saque» la pistola.