Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Tampoco serÃa para mà una cosa nueva. Conozco a los mormones, el extraño amor de sus mujeres, su sacrificio, su absoluta reserva y lo que yo califico de locura: la idea que tienen de Dios. Y sé de lo que son capaces los hombres mormones. Trabajan mano a mano, todos muy unidos, en la oscuridad y el misterio. Nadie puede luchar con ellos a no ser que se haga gunman, porque los mormones matan pocas veces y a disgusto. Es lo único bueno de su religión. Venters, podéis creer lo que os digo; los mormones están mal de la cabeza.
¿Cómo podrÃa, por ejemplo, un mormón casarse con una segunda mujer, asegurando que cumple asà un deber religioso, si no estuviera un poco demente?
—Lassiter, pienso exactamente como vos —repuso Venters.
—Entonces, ¿cómo no habéis pegado un tiro a Tull o a alguno de ellos? —preguntó el jinete con curiosidad.