Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Juana hacía fervientes votos para que la tranquilidad y dulzura de su vida no se interrumpiese para siempre. Deseaba hacer por su pueblo mucho más aún de lo que hasta entonces había hecho. Deseaba que perdurasen los bucólicos días de quietud y ensueño. La lucha entre los gentiles y los mormones haríala desgraciada. Ella era mormona porque mormona había nacido, pero sentía cariño y amistad hacia los gentiles pobres y desgraciados. No deseaba otra cosa que continuar así. Y pensó en lo que significaba para ella su hacienda. Todo lo abarcaba su cariño: los bosquecillos de álamos, la hermosa mansión de piedra maciza, las aguas de reflejos ambarinos, los peludos potros mesteños, los esbeltos caballos de carrera, de pura sangre; los ramoneantes[1] hatajos de ganado y los atezados y nobles jinetes de la pradera.
