Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Aquella noche le acometió la misma sensación de soledad; como otras veces, invadióle la tristeza: mas de ella surgió poco a poco la convicción de que su vida, inútil hasta aquel momento, había experimentado un cambio. La primera vez que sintió este cambio fue al advertir la fuerza y la velocidad de Camorra, y ahora, echado a la entrada del Desfiladero de la Decepción la idea afirmábase. No presentía la emoción de una próxima aventura, sino más bien un gran peligro, quizá la muerte. Estaba decidido a hallar la madriguera de Oldring. Aunque los bandidos disponían de caballos veloces, ninguno podía medirse en esto con Camorra. Por otra parte, Venters estaba seguro de que nadie podría sorprenderle durmiendo mientras Ring y Blanca guardasen su sueño, y, en todo caso, tenía sus armas y una excelente puntería. Por extraño que parezca, en sus presagios para nada entraba el pensar en Tull. Relacionábanse solo con lo que podría sucederle en el Desfiladero de la Decepción, y el joven sentíase tan incapaz de levantar el velo de aquel misterio como de saber hacia dónde le llevaría aquel cañón inexplorado. Además, no le importaba saberlo. Y por fin, cansado de devanarse los sesos, se durmió.