Meseta negra
Meseta negra —Paul, lo siento —se arrepintió Wess, palideciendo perceptiblemente—. Pero si tú te muestras profundo, yo más aún. Y ni siquiera sospechas de qué profundidades me sacaste. Yo sÃ. Yo lo sé. Actualmente, aún estarÃa en la cárcel de no haber sido por ti. Y la cárcel no es buen sitio para un pájaro como yo. Y has vuelto a salvarme. Bien, esto es todo. Me alegro de que me hayas hablado con tanta seriedad. Incluso te respeto más ahora. Lo único que me extraña era tu deseo de sufrir en este maldito agujero. Bien, ahora ya lo sé. Y te admiro por ello. Creo que eres todo un hombre. Claro que esa chica lo complica todo terriblemente. Conmigo se porta muy bien, con mucha amabilidad. Me hace sentirme como un hermano suyo. Y te adora, aunque ello tenga que reportarle más desdichas que alegrÃas. Es asÃ, nada más. Y a mà me parece de perlas, ya que sé que tú también la quieres. No, no puedes dejar de amarla. Y aunque ignoro de qué forma ocurrirán las cosas, estoy seguro de que al final, ella, tú y yo saldremos de una vez para siempre de este maldito agujero infernal.