Meseta negra
Meseta negra UNA hora de reflexión en el desierto dejó final y definitivamente decidido a Paul Manning respecto al curso de acción a seguir curso de acción que excitadamente expuso acto seguido a su amigo Wess.
La declaración homérica del vaquero respecto a su inalterable resolución de permanecer a su lado y al de Louise le confirmó en dicha resolución.
Junto al desprecio que Paul sentía hacia el comerciante se añadía un odio frío, engendrado sin duda por sus sentimientos por Louise. Además, se veía poseído por un furor creciente ante los trucos de aquel individuo. Paul le advirtió a Wess que se fingiese un vaquero locuaz, de poca inteligencia, con gran propensión a hacer bromas y chistes, pero mostrándose mientras tanto como un espía osado y astuto, a fin de llegar a conocer todos y cada uno de los detalles del poco claro negocio de Belmont y de su vida doméstica.
—Bien, jefe, seguro que obtendremos toda la verdad respecto a ese hombre —asintió Wess—, aunque dudo que podamos acusarle de nada ante un tribunal. De manera, que ya puedes disponerte a sufrir la pérdida de algún dinero.