Meseta negra
Meseta negra —Oh, Wess es un poco tonto —replicó el joven, soltando la carcajada—. No le haga caso, Belmont. Nunca hace nada en serio. Es una especie de payaso del ganado. Siempre bromea y trata de engañar a la gente. A veces, he de tener mucha paciencia con él. No, no le haga ningún caso.
Belmont pareció apaciguarse, pero el ganadero de Utah no se dejó impresionar tan fácilmente por las palabras de Paul.
—Tonto o no, contó todos los novillos, sin errar en ninguno. Doscientos sesenta y nueve. A pesar de que iban muy apretujados.
—Manning, ¿le importarÃa entregarme ahora un cheque por el valor de su parte? —inquirió Belmont.
—No por toda —replicó el joven, que ya estaba preparado para tal contingencia—. ¿Qué le parece la mitad, y el resto cuando lleguen los envÃos monetarios desde Kansas City?
—Lo necesito todo —afirmó el comerciante con tosquedad.
—Lo siento, pero me es imposible. ¿Tendré que recordarle que no fui yo quien propuso el trato? En realidad, ni siquiera me mostré demasiado propicio a cerrarlo.
—Pues a mà me pareció bastante ávido de hacerlo. ¿Le ha estado acaso aconsejando ese Kintell?