Meseta negra
Meseta negra —Aún no ha terminado todo, ni mucho menos —declaró Wess, derrengado y renqueando. TenÃa el rostro cubierto de polvo, y la arena resbalaba por entre su cabello—. Si puedes montar, será mejor que nos larguemos de aquÃ.
Paul estuvo andando hasta que pudo montar, erguido en la silla, y tras enjugarse los ojos con el pañuelo, anunció:
—Creo que puedo llegar hasta Aguas Amargas.
El vaquero, cosa extraña, ni se mostró locuaz ni dicharachero. Los caballos también se hallaban fatigados aún. Hacia el Norte, el camino aparecÃa despejado durante muchos kilómetros, salvo algunos remolinos de polvo. Encima de Mesa Negra se veÃa un cielo azul, aunque en la dirección opuesta una nube de polvo oscurecÃa el paisaje. Mesa Negra se hallaba envuelta por una especie de niebla gris.