Meseta negra
Meseta negra —Seguro. Está jugando con nosotros, Wess.
—SÃ, aunque es posible que si este asunto fuese a los tribunales, ganáramos nosotros. Claro que esto no nos interesa.
—¿Por qué no, si conseguimos pruebas de que él les vende whisky a los indios? Entonces, le tendrÃamos bajo nuestros pies.
—Cabeza de chorlito, jamás lograremos tener nada contra él, al menos no lo suficiente para meterle en la cárcel eternamente. Y si lo intentásemos, se descubrirÃa que tú y Louise os amáis, y él la matarÃa centÃmetro a centÃmetro.
—Entonces, ¿de qué nos servirá averiguar algo más? —preguntó Paul, desesperado.
—Tal vez nos ayudará a quitárnoslo de encima —declaró Wess pensativamente—. Claro que si realmente está casado con Louise, y la quiere más que a Hermana... entonces, seguro que estamos en un mal paso.
—Wess, ignoro cómo es posible que el amor que yo siento por Louise y ella por mà pueda sentirlo también un rufián de su calaña.
—Oh, chico, estás mucho peor que yo. ¡AnÃmate! Cuando he dicho que estábamos en un mal paso no quise decir que estemos listos. Nunca lo estaremos, muchacho. ¡Louise te ama! y esto lo soluciona todo.