Meseta negra
Meseta negra —¿Ya habÃas estado aquÃ?
—Una sola vez. Cabalgué por muchos sitios antes de llegar a Aguas Amargas. Trataba de encontrar un lugar donde quedarme. Es éste. Me fascinó esa enorme meseta protegiendo el puesto comercial. Es como el guardián de la soledad y la paz que privan en este desierto.
—¿Paz? Hum... Creo que ya te he entendido —asintió Kintell lentamente—. Tengo mis ideas propias respecto a ti, Paul. Y si alguna vez he visto a un hombre desdichado, ése eres tú. Pero esto no me permite adivinar por qué me has traÃdo aquÃ.
—Necesito emprender un trabajo. Siempre me atrajo la idea de poseer un rancho, con ganado y caballos. Pero siempre me resultó imposible hasta noviembre pasado en que heredé algún dinero. Ahora puedo convertir en realidad mis sueños, y tal vez todo se arregle para mÃ. Te aprecio, Kintell. Tú eres el hombre que me ayudará a llevar el rancho.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo presiento.
—Diantre, de acuerdo con mis pasadas experiencias, yo no soy el tipo que necesitas.
—Kintell, una vez ya me hiciste ciertas insinuaciones sobre tu sombrÃo pasado. Si quieres, puedes contarme todo lo que has hecho, aunque prefiero que no lo hagas. Apuesto por ti.