Nevada
Nevada Con los años, el amor de Hettie por Nevada habíase hecho más fuerte, más profundo. Y al abismarse ahora en el pasado, la joven recordaba la franca aversión por el revólver de él y el sutil gesto que implicaba el fatal empleo del arma. Era ella entonces una niña sentimental, sin experiencia, a la que asustaba el pensar en el vertimiento de sangre, hostil al espíritu y a la destreza de Nevada, que más tarde salvó a su hermano, y tal vez a ella misma, de las maquinaciones del villano Setter.
Hettie había sufrido mucho durante los cuatro años des de que Nevada se marchó dejando tras sí la muerte. Ahora era una mujer y veía las cosas de distinto modo. Adivinaba lo que había sido para él, como la amistad y el amor de ella habían hecho de él otro hombre. ¡Cuán gran de y firme había llegado a ser su amor por Nevada! Ella era de él y no sería nunca de ningún otro; la separación no la podía cambiar.