Nevada
Nevada —¿Qué importa quién o qué fuese Nevada antes de que le conociéramos? —musitó la joven, sentada junto a la ventana abierta, envuelta en la oscuridad, escuchando los últimos graznidos de los patos y el melancólico croar de las ranas—. Mas él no pudo verlo asÃ. Sin embargo, debió de saber que a mà nada me importaba mientras si siendo el Nevada que conocimos y amamos… ¿VolverÃa a robar ganado, si éste habÃa sido su crimen? ¡No! ¿VolverÃa a beber? ¡No! ¿Se rebajarÃa a abrazar a una mujer de vil condición? ¡Nunca!… ¿VolverÃa a usar aquel terrible revólver?… ¡Ah, sÃ, sÃ, lo hará! ¡Lo presiento! Si no por sà mismo, por otro… Nevada es una llama, un relámpago que destruye lo que se opone a su paso.