Nevada
Nevada —¡Pero Ben! ¿Estás loco? —exclamó ella, asombra da. Luego se echó a reÃr—. ¡Qué cosas tienes!… Temo, querido hermano, que la pérdida del ganado y de tu Rojo te hayan trastornado la cabeza.
—Perdóname, Hettie —repuso Ben, contrito—. De pronto me figuré que podÃas haberlo hecho tú para gastarme una broma. Y, con franqueza, preferirÃa que hubiese sido asÃ.
—Pero ¿por qué habÃas de desear eso, Ben?
—Porque en tal caso no me apurarÃa. SÃ, creo que estoy trastornada. No me gusta la situación en que me encuentro, Hettie.
—Ni a mà tampoco, Ben. Pero, claro…, no se te puede hablar.
—Hettie, no está bien que digas eso —dijo él en tono de reproche—. Le conté a Ina el disgusto que tuviste con Dillon…, claro que como tú me lo contaste. Y me puso como un trapo. No es posible teneros a las dos en contra.
—No estamos contra ti, Ben —afirmó Hettie.