Nevada
Nevada —SÃ, sÃ, vais contra mà —repitió su hermano con testarudez—. Estoy enemistándome con todo el mundo. Pro cedo contra los consejos tuyos y los de Ina, hasta contra los de Tom Day. He ofrecido un premio de mil dólares a quien me devuelva el Rojo. He mandado poner anuncios a lo largo de los caminos. A Tom no le gustó. Dijo que alguien me traerÃa el caballo para volver a robarlo después.
—¿Qué ha dicho Dillon? —preguntó su hermana con curiosidad.
—Le pareció bien la oferta del premio. Ya sabes que Dillon dijo que podÃa recuperar el caballo. Estuvo ausente durante dos dÃas, después de regresar de Winthrop. No sé dónde estuvo. Ha trabajado durante estos años con la mayor parte de los equipos, a lo largo de los Mogollones. Los conoce a todos y entre ellos habrá muchos encubridores de los cuatreros y abigeos. Eso es lo, malo de este paÃs, no se sabe quién es honrado… Bueno, pues, Dillon volvió y confesó no haber podido descubrir nada respecto al paradero del Rojo. Asà es que ofrecà el premio. Y Dillon mismo clavó el anuncio en todas partes.
—Recuperarás al Rojo —repuso Hettie, esperanzada.