Nevada
Nevada Al traspasar la última puerta del rancho, Nevada se apartó del camino y bajó en veloz carrera por el declive hacia el lago, cuya orilla recorrió sin acortar la marcha. Confusamente veía el agua verdosa a un lado de la vereda y la artemisa gris al otro; hasta la serpenteante senda aparecíasele borrosa a sus ojos, aún inyectados en sangre. No había ninguna necesidad de aquella peligrosa carrera. Sin duda, los representantes de la. Ley emprenderían a su debido tiempo la persecución, mas ni por un momento pensó Nevada en ellos.
El movimiento de un caballa veloz y fuerte érale necesario para calmar el torbellino de su mente. Sus sensaciones, sus pensamientos, giraban en derredor de la horrible náusea y el frío en el alma que experimentaba siempre después del vertimiento de sangre humana, y esta vez eran peores que nunca.
La vertiginosa carrera por el camino llano, el salvar los recodos y torrentes, el bajar y subir las hondonadas, le hizo poner en juego toda su fuerza muscular. Parecía una loca carrera para huir de sí mismo. Y al fin, calado de sudor y ardiendo, sólo pensó en el ejercicio físico.
