Odio de razas
Odio de razas Nophaie conoció, también, la necesidad v el encanto y el amor de la caza. Había de sobrevivir, algún día, por sus proezas como cazador. Las huellas y las marcas s, los sonidos y los olores de todos los habitantes de los alrededores del desierto:se le hicieron tan familiares como los de su propio hogan.
Nophaie caminó de un lado para otro en unión de su rebaño, sobre la salvia y la arena, bajo las siluetas y encumbradas torres de roca. Era inconsciente e inexpresablemente feliz porque se. hallaba en perfecta armonía con el espíritu de la Naturaleza que le rodeaba. Caminaba sobre una encantada tierra de misterio sobre la cual caía la amorosa mirada del Gran Espíritu. No tenía preocupaciones ni necesidades ni egoísmos. Solamente había oído hablar de un modo vago de la amenaza de la raza blanca que se cernía sobre las tierras de los indios. Tan sólo había visto durante su vida a un corto número de hombres blancos.
De este modo, continuaba Nophaie marchando en unión de su rebaño a través de! la dilatada extensión, contento y absorto, vigilando, escuchando, sintiendo, con la imaginación llena de sueños y de anhelos, de canciones y levendas, de la infinita belleza y la poesía de su vida.