Odio de razas
Odio de razas - ¡O…o…oh! -exclamó asfixiadamente Marian en tanto que se encaminaba fatigosamente hacia una piedra con el fin de tomar asiento. No podÃa hablar. Le parecÃa tener el pecho hundido. Los elogios del comerciante cayeron en oÃdos desdeñosos e incrédulos.
- Descanse un momento - añadió cariñosamente Withers-. Y luego mire a su alrededor. Estamos en el cerco de la región de Nophaie.
Estas palabras suscitaron en Marian un renovado interés.