Odio de razas
Odio de razas - ¡Mire atrás y abajo! - exclamó Withers con voz alegre-. Solamente habÃa estado aquà una sola vez… y jamás he podido olvidar «eso,»… y nunca lo olvidaré.
Desde aquella altura, Marian recibió la impresión de que el espectáculo que se ofrecÃa a su mirada era absorbente y aturdidor: leguas y más leguas de desierto verdoso y gris… los rojos declives laterales del Valle de los Dioses… y entre estos anchos centinelas, aquellos pináculos de grandeza, de misterio y de luz, sagrados para los: indios. El espÃritu de Marian se elevó. ¿PodrÃa haber algún alma que estuviera muerta para la percepción de tanta belleza?
¿Qué representaba la Naturaleza sino la Eternidad? Aquellos momentos de vida trascendÃan en revelación al despierto espÃritu. Nophaie la habÃa obsequiado con aquella sublimidad, y desde aquel momento en adelante Marian no podrÃa volver a ser la misma que anteriormente. Muy pronto habrÃa de verlo, al indio a quien querÃa… a aquel que habÃa despertado profundos pensamientos en su imaginación y emociones en su corazón, y, finalmente, provocado el nacimiento de una comprensión más noble. La Naturaleza le mostraba la inmortalidad de su labor, v Marian recibió con ello su primera lección de humildad.