Odio de razas
Odio de razas - Nophaie…, has… cambiado - dijo ahogadamente Marian.
- También tú -contestó él. Una indefinible diferencia que habÃa en el tono de su voz sorprendió violentamente a Marian. Era un tono más bajo, más suave, algo que demostraba, que su lengua materna le habÃa alejado de la de los hombres blancos.
- ¿En qué… he cambiado? -preguntó, Marian. Sus reprimidas emociones se habÃan apaciguado, aun cuando no hubieran sido expresadas. El instante, tanto tiempo anhelado, habÃa, llegado de, un modo distinto al esperado, pero también dulce y pleno. Marian lo comprendÃa lentamente.
- TodavÃa eres Benow di cleash; pero ahora eres más mujer que chiquilla… Es el mismo rostro que vi en Cape May; pero más hermoso, Marian.
- Por lo menos, Lo Blandy, no has cambiado en tu hábito de lisonjear.
- ¡No me llames de ese modo! -dijo Nophaie; y una nube de tristeza ensombreció repentinamente la alegrÃa de sus, ojos.
Marian vaciló. QuerÃa reanudar la antigua intimidad, encontrarle de nuevo como habÃa sido cuando lo conoció y comenzó a querer. Pero no era fácil conseguirlo.
- ¿Será preciso que nos conozcamos más a fondo? - preguntó con gravedad.