Odio de razas
Odio de razas - Es preciso.
- Muy bien; estoy dispuesta a intentarlo.
- Entonces, ¿has venido a trabajar entre mis gentes? -¡Así es! - contestó sencillamente Marian-. He venido para hacer lo que quieras que haga.
El amor y la lealtad hablaban inconfundiblemente por boca de Marian y se reflejaban en la mirada con que hizo frente a los ojos inquisitivos de Nophaie. Luego, durante un momento, Marian tembló al apreciar la gratitud de él, al: comprender el súbito deseo que le acometía de estrecharla contra su pecho.
- Eres noble. Has confirmado la justicia de mi fe en ti. Me has librado del- odio a la raza blanca. - Y dejando en libertad las manos de Marian, se separó de ella y se aproximó al borde del desfiladero para mirar en dirección a la purpúrea profundidad.