Odio de razas
Odio de razas - ¡Aquella lagartija que era compañero tuyo de baile! Todavía tengo celos… solamente con oírte pronunciar su nombre.
- Nophaie, desde que te separaste de mí, no he dado motivo para que los tuvieras. Te he sido absolutamente fiel.
Marian se dio cuenta de que ella era también ridículamente feliz, de que nacía en su interior un deseo desacostumbrado de atormentar a Nophaie y romper su reserva. Siempre había apreciado la fortaleza de aquel indio y, de un modo "habitual en las mujeres, se había dolido de ella. Y encontró a Nophaie más extraño, más lejano que nunca, más difícil de alcanzar, a pesar del amor que brillaba en sus ojos.