Odio de razas
Odio de razas El saludo que Nophaie dirigió a Marian fue pronunciado en lengua india; pero su significación fue inconfundible. Su sonrisa y su apretón de mano habrían sido suficientes para crear la felicidad de Marian. Luego, seña-ando el caballo blanco. Nophaie dijo:
- Te he traído uno de mis caballos. Es de Pahute y el más dócil y más gallardo de todos los, que he visto.
- ¡Oh, muchas gracias, Nophaie! ¡Qué hermoso es!. Eres verdaderamente muy bondadoso… ¿Dócil, dijiste? ¡Tiene aspecto de caballo capaz de lanzarse de un salto contra la misma luna.
- Quiere correr y es bullicioso; pero podrás montarlo -contestó Nophaie-. ¿Quieres intentarlo ahora? -Me gustaría mucho…, pero… Bien; lo único que «puedo» hacer en estos momentos es permanecer montada en «este caballo». Acaso, me encuentre más animada mañana… ¿A qué distancia está tu terreno, Nophaie?
- Jamás calculo la. distancia por medio de millas. Marchando a este paso, llegaremos a mediodía. ¿Por qué no galopamos un poco? Eso te serviría de descanso.
- ¡ Galopar…! Withers dice que «continúe con calma», y tú me proponen que galopemos… Muy bien; resigno la suerte de mis doloridos huesos a tus maquinaciones.