Odio de razas

Odio de razas

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Los elementos, la soledad, el gran vacío, la incesante intrusión del desierto, invariable e inevitablemente terminaban por afectar la imaginación y el espíritu de las gentes blancas. Si sus corazones hubieran estada en esta vida y sus esperanzas cíe una vida futura hubieran reposado en el desierto, los efectos de éste sobre el carácter y sobre su ser físico habrían sido completamente diferentes. Pero la mayoría de los que la habitaban maldecían la región silvestre que los sustentaba temporalmente. De este modo su decadencia, tanto física como mental, era segura. En los lugares parcamente poblados, especialmente en los eriales, donde las elementos; hacían la, vida difícil, los hombres y las mueres descubrían intereses propios, y las debilidades humanas aumentaban. Tales personas retrocedían en la escala del progreso. El odio era más odio, el amor era más feroz, y los celos, la envidia, la avaricia, la cobardía y el egoísmo se despojaban de la delgada piel de la civilización y se fortalecían. Los sufrimientos ponían a prueba la fortaleza o la debilidad de los hombres. El instinto de conservación constituía la única ley de la vida, y en aquel desierto este instinto predominaba sobre todos los demás. Pero algunos hombres - y éstos eran los amantes de las tierras despejadas, los que acogían con. agrado las durezas de la existencia - se hacían aún más nobles al ponerse en contacto con el desierto. Estos pocos hombres y estas pocas mujeres que se perfeccionaban a través de una extraña evolución provocada por la vida en el desierto daban, prueba de la divinidad qae en ellos se albergaba. Eran los que más unidos se hallaban a los indios. Aun así y todo, los que se envilecían tenían la excusa de que habían sido colocados en un ambiente, que servía para poner de relieve las debilidades de la familia humana.


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