Odio de razas
Odio de razas - ¿Es cierto? -preguntó fingiendo sorpresa-. En tal caso, ¿qué es lo que he interrumpido?
- Puede juzgarlo por sí mismo -replicó la joven.
- Un «ataque» - añadió Morgan viendo que la muchacha se detenía ahogadamente.
Friel hizo un esfuerzo por ocultar su agitación y se encaró con Morgan. Era un hombre alto, que aún no había pasado, de la edad mediana, delgado y nervioso.
- Oiga, Morgan, supongo que pretende usted utilizar nuevamente sus malas artes para acusar a alguien y librarse de, é l-dijo con aspereza.
- Señorita Warner, es muy grave lo que sucede; pero no quiero censurarla -dijo, Morgan sin prestar atención al airado Friel-. ¿Dónde está Blucher?
- Ha ido al dormitorio para consultar con la señorita Herron.
- Hágame el favor de ir a buscarle. No hable para nada de este desgraciado… incidente. Deje esta cuestión a mi cargo. Yo me cuidaré de poner los medios que sean necesarios para conseguir que no sea objeto de nuevos «ataques».