Odio de razas
Odio de razas Cuando la señorita. Warner hubo salido, Friel salió del estado de consternación en que se hallaba y se entregó a la indignación y el furor. Durante unos momentos, hallándose fuera de sí, se, retorció las manos, se tiró de los pelos y solamente pudo hablar de modo atropellado e ininteligible.
- Friel, la acusación contra usted paría ser muy grave - declaró Morgan.
- ¡Amañe una acusación! ¡Maquine algo contra mí! ¡Haga una de sus malditas jugarretas! -exclamó Friel con indignación -. ¡Bah! ¡Le conozco bien! ¡Jamás, ha renunciado usted a nada que pueda favorecer sus malvados fines!… Estoy honradamente enamorado de, esa joven. Quiero que se case conmigo. Usted ha interrumpido mi declaración… ¡ Eso es lo que ha sucedido… y nada mis!
- Me agradaría poder creer lo que dice, Friel - contestó irónicamente Morgan -. Pero las claras palabras de la señorita Warner demuestran que es usted un embustero…, o que ha perdido la cabeza.
- ¡Dios mío! La señorita Warner se alarmó injustificadamente. Esto es lo cierto. Esa joven sabe bien que no me propuse causarle ningún mal - protestó Friel.