Odio de razas
Odio de razas Aquella noche, en un baile, una de las amigas de Marian le.preguntó:
- ¿Conoces a Lo?
- ¿Lo? ¿Quién ese él, o ella? - preguntó Marian.
- El baseballer indio. Hoy le viste jugar: Lo Blandy. Y de este modo, al cabo de unos momentos, Marian se encontró ante el atleta indio a quien admiraba. No lo había comprendido aún, pero lo cierto era que se había enamorado de él cuando lo vio por primera vez. Un algo ce su naturaleza, cuya existencia ni siquiera conocía, fue en busca del indio. El joven tenía un rostro oscuro, fuerte, hermoso, y unos ojos de penetrante negrura. Había un algo noble en su estatura o en su equilibrio, en su ademán de águila.
- ¿Quiere bailar conmigo? -preguntó él, y pareció comportarse tan - desembarazadamente como cualquiera de sus compañeros de estudios.
Marian se encontró bailando con un indio… lo que le pareció una circunstancia extraña y trascendental. Evidentemente, Lo no había hecho del baile una de las asignaturas de su carrera, como hacían la mayoría de los jóvenes. Pero era ligero y fuerte, y la llevó sin recurrir al osado contacto tan cultivado por la mayoría de los bailadores. Y Marian disfrutó más del baile a causa de ello.