Odio de razas
Odio de razas Se encontraron nueva y accidentalmente en la playa; y como quiera que no se acercase nadie más a ellos, y que ambos se interesaban uno por otro, hablaron largamente. Después de aquel día, Marian acudió a todos los partidos de base-ball. Y Lo Blandy se hizo uno de sus muchos admiradores, con gran satisfacción de su tía y sus amigas.
Pero aquellos encuentros resultaron fatalmente trascendentes para Marian. Se había enamorado del indio, y luchó contra sí misma… hasta que, al fin, se rindió y cesó de luchar. Lo tenía mejores principios y mejores hábitos que cualquiera de los jóvenes blancos a quienes Marian conocía. Y de este modo, durante aquel verano, entre la luz fría y ambarina de las mañanas, junto a la orilla del mar, o por las noches, bajo la luz de la luna, cuando la música y el baile los arrastraban, Marian bebió el sorbo mágico y picante del amor.
Y se preguntó si poseería una naturaleza tan fiel y tan inmutable como la del indio.
¿Amaría ella una sola y única vez? ¡Preguntas vanas! Amaba ya, y aquel amor era todo dolor.