Odio de razas

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Todos los días que transcurrían aportaban a Marian una nueva prueba de que había conquistado las simpatías de los Nokis. Mucho antes de lo que esperaba, comenzó a ser siempre bien recibida en los hogares de aquellas gentes extrañas del desierto. Al fin y al cabo, no había duda de que eran seres humanos, y en consecuencia, muy susceptibles a la bondad y a la amabilidad. Aceptaban los regalos y la caridad, pero las dádivas materiales no constituían el mejor modo de llegar hasta su corazón. Marian no pudo descubrirlo hasta después de haberse ganado su confianza: y su amistad.

Y entonces comprendió que había sido observada por ellos tan atentamente, de (in modo tan inteligente y tan cuidadoso como ella les había observado a ellos. Se la juzgaba por lo que había hecho y dicho, por el desarrollo de los acontecimientos que pusieron de relieve la intención de sus actos.

Cuando Marian hubo adquirido conocimiento de la verdadera situación de los indios, inició un trabajo personal que condujese a su ayuda. Había en los poblados niños y ancianos que eran presa de la ceguera a causa del tracoma; había niños con alguna dolencia congénita; siempre había algún jinete herido, a consecuencia de alguna caída, o alguna mujer enferma; por último, toda la población de aquella aldea era pobre y rápida-mente aun mas.


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