Odio de razas

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Paxton abandonaba en algunas ocasiones su trabajo para ayudarla. Eckersall, del! modo rudo y tosco que le era propio, no dejó piedra sobre piedra en favor de Marian. De este modo, la joven no tuvo necesidad de recorrer en ninguna ocasión las dos millas de terreno azotadas por el viento helado que la separaban de la meseta. No se puso, tampoco, en contacto con Morgan ni Blucher, y, por lo que sabía, estos dos hombres no le prestaban atención de ninguna clase. Por esta circunstancia, a pesar de todo, no la cegó la imposibilidad de que se tratase solamente de una añagaza. Arribos hombres eran como topos que trabajaban en la oscuridad.

Naturalmente, la creciente intimidad de Marian con relación a algunos de los Nokis le granjearon la confianza de estos hombres. Y cuando llegó mediados de diciembre, la mayoría de los que poseían ganados o caballerías, y principalmente los, trajineros,:se vieran necesitados urgentemente le alimentos, para sus animales. Marian prestó dinero a algunos de los más necesitados. Pero la situación no podía resolverse por medio de la pequeña cantidad de dinero que ella pudiera sacrificar. Por esta causa, Marian decidió tratar de la cuestión con Eckersall.

- Hace tiempo que lo había previsto - contestó Eckersall -. Los Nokis están fastidiados para todo el invierno… si me permite y perdona este modo de expresarme, señorita.


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