Odio de razas
Odio de razas - ¡Friel, sal! - gritó una voz clara en buen inglés. La voz vibró en los oídos de Marian. Era una voz inconfundiblemente india; pero, ¿era Noki? Marian tuvo que hacer un esfuerzo para reprimir una extraña agitación, y terminó por convencerse de que estaba nerviosa y excitada y excesivamente dispuesta a hacer suposiciones y concebir ideas de violencia. Pero creyó, al mismo tiempo, que no debía desconfiar de lo que sus ojos vieran, v se adelantó hasta llegar a un centenar de, pies de la escuela.
Friel no se presentó con 1a premura necesaria para satisfacer a los Nokis. Todos comenzaron a gritar. Algunos de ellos descargaron sonoros golpes en la puerta. Luego, nuevamente sonó la voz india, clara y vibrante, que se sobrepuso, a las demás y las silenció.
- ¡Sal, c entraremos por ti!
La puerta se abrió, y Friel apareció. Tenía encendido el rostro. Su actitud, semejante a la de Morgan, parecía impregnada de autoridad e intolerancia. Y, a pesar de ello, no estaba tranquilo.
- ¿Qué queréis? - preguntó.
- ¡Sal! ¡Basta de predicaciones! - contestó el jefe; y de entre la:multitud brotaron gritos que confirmaron su orden.
- ¡No quiero! - gritó Friel furiosamente-. Blucher me ha dado autorización para predicar.
¡Y voy a,hacerlo!