Odio de razas
Odio de razas - ¡Benow di cleash! - dijo con voz vibrante de emoción y felicidad.
Marian pudo levantar los brazos y los labios antes de que la fuerza la abandonase. Luego, en tanto que él la envolvÃa en un abrazo, no necesitó sino sentir, tocar. El relámpago de una mirada de mujer… el rostro afilado v oscuro del indio, más delgado, más fino, de, un color bronceado más suave… Después, nada más vio. Pero percibió la contracción de unos músculos que la oprimÃan y se encadenaban en torno a ella como si fueran unas cintas de hierro. Presa, oprimida contra el ancho pecho del indio, sintió el golpeteo de su corazón y la presión de sus labios.
- ¡Oh, parece que estás bien! ¿Lo estás verdaderamente? - Marian repitió, más tarde, por centésima vez acaso.
- Bien… sÃ; pero jamás podré volver a escalar el muro norte de Nothsis Ahn - contestó él al mismo tiempo que sonreÃa.
- ¡Nophaie! ¡Oh, estoy loca! - murmuró ella-. Pareces, fuerte… pareces lo mismo que siempre… No, hay un cambio extraño en ti… ¡Tus ajos! ¡Y tu boca, Nophaie! Parecen haberse contraÃdo.