Odio de razas
Odio de razas - Es la consecuencia de la explosión de la granada -dijo él-. Desaparecerá. Verdaderamente, estoy, muy bien si se tiene en cuenta… El gas,me¡ dejó expuesto a la tuberculosis; pero aún no la he contraído. Y mis tierras altas y cubiertas de salvia me curarán definitivamente.
Marian apenas daba crédito a sus ojos. Esperaba. hallarlo mutilado, destrozado, envejecido, arruinado físicamente, y no sucedía así. Marian lo comprendió lentamente. Luego, vio una medalla sobre la oscuridad de la camisa aterciopelada que tenía puesta. ¡Su medalla del Servicio Distinguido! ¿Cómo la había conseguido?
- Benow di cleash, queridísima: no he concurrido a reuniones elegantes como aquellas a las que tú me llevabas en Cape May -contestó él con una risa que incrementó la intensidad de su alegría.
- ¡Luchaste! ¡Oh, ya lo he sabido! - exclamó Marian -. El hijo de los Withers lo dijo cuando escribió a sus padres. Encontró a un soldado que te conocía… que le habló de ti… ¡ Munson.
- Sí. Nos encontramos allá. Pero los soldados acostumbraban hablar poco acerca de sí mismos y elogiaban en cambio a los demás.