Odio de razas
Odio de razas - Nophaie, el niño ha muerto. Consuela a Beeteia. Hemos de enterrar a los indios y marcharnos pronto. Marian extendió las frÃas v temblorosas manos en dirección al fuego. Las tajantes palabras del práctico negociante la sacaron de su ensimismamiento. Los hombres como Withers siempre soportaban las cargas más grandes. Era amable, compasivo, atento, cariñoso; pero estaba en contacto principalmente con los hechos crudos y frÃos. Estaba empobreciéndose en su afán de ayudar a los pobres Nopahs y trabajando como un esclavo condenado a galeras y arriesgando su vida. Marran vio a través de él un poco más de la verdad. Y esto provocó en ella una rebelión contra la debilidad, contra una inclinación excesiva hacia el idealismo y el altruÃsmo v, por el momento, contra aquella descarnada y terrible plaga de gripe.
Nophaie podrÃa ser atacado por la enfermedad. Y lo serÃa en el! caso de que continuase recorriendo dÃa y noche las campiñas, de que se expusiese tanto a los efectos del frÃo como de la epidemia. El temor acongojó el corazón de Marian. La congoja no desapareció, sino que la agitó y estremeció. Si en el fondo de:si misma reposaban instintos de leona, tales instintos despertaron en aquel momento.
Withers salió del hogan acompasado de los indios.
- ¡Coged las herramientas! - dijo al mismo tiempo que señalaba el fardo que habÃa llevado.