Odio de razas
Odio de razas Todos ellos trabajaron para aliviar los sufrimientos de los indios. Si el comerciante pudo ahorrar algún dinero anteriormente, todo ello, v algo más, lo perdió durante aquel invierno. Los medios económicos de Marian se habÃan convertido en lo que prácticamente podrÃa llamarse nada. La civilización parecÃa hallarse muy lejos y absorta en sus propios problemas. Los asuntos de la colonia se desenvolvÃan del mismo modo que siempre. Y el pequeño cÃrculo de personas blancas de Kaidab vivÃa fiel a algo que los, indios le habÃan inspirado y olvidaba el lejano mundo exterior.
Marzo, con sus últimos soplos de viento helado, dio paso a las tormentas de abril. El viento sopló furiosamente aquel dÃa, y al siguiente la temperatura fue primaveral, cálida. Solamente se tuvo conocimiento de: algunos casos de gripe y de muy pocas muertes.
Nophaie habÃa ido a Olfato; y como quiera que no regresase al dÃa siguiente, aquella impresión que no era sentimiento ni pensamiento, aquel desasosiego indefinible, puso su frÃa mano sobre el alma de Marian.
La joven trabajó durante aquel dÃa en el arreglo de la contabilidad de Withers, escribió algunas cartas aplazadas, se entregó por espacio de una hora a la reparación de un vestuario gastado y tristemente arruinado, montó a caballo, fue hasta la meseta accidentada que se elevaba sobre Kaidab y se esforzó los ojos en un intento por ver algo en el camina de Olfato.