Odio de razas
Odio de razas Pero ninguna de estas actividades contribuyó a remediar su nerviosidad ni a aplacar la impaciencia que en ella provocaba el sexto sentido de las mujeres. Marian intentó trabajar en el establecimiento que desde hacía una temporada constituía un negocio dudoso y difícil. Indios altos, delgados, solían llegar hasta él y permanecer en inmovilidad casi completa, con los grandes ojos completamente abiertos, hasta que Withers o Colman les daban algo de comer. Los Nopahs formaban una tribu arruinada y hambrienta.
Marian vio indios que portaban arcos y flechas, costumbre desaparecida mucho tiempo antes y que volvía a:ser puesta en práctica a causa de que los cazadores habían vendido sus escopetas o carecían del dinero preciso para comprar municiones. La lana había prácticamente desaparecido y perdido todo su valor como mercancía. Los indios se negaban a esquilar las ovejas por el precio que se les ofrecía. Algunas pieles de cabra y alguna manta en ocasiones eran depositadas sobre el mostrador de vez en cuando para ser vendidas a bajo precio. Era lastimero el ver llegar a alguna mujer- india que llevase una manta, generalmente mal confeccionada, que Withers no podría vender jamás e insistir sobre un precio que resultaba ruinoso para el comerciante. De aquel modo, comprando mercancías invendibles, el comerciante mantenía vivos a las Nopahs del distrito. Pero éstos no le daban las;gracias, ni le com- prendían.