Odio de razas
Odio de razas - ¿Dónde andan los demás? He venido, a gran velocidad. Pero las malas noticias corren más que el viento en el desierto, y querÃa llegar aquà antes que ellas.
- ¿Malas… noticias? - tartamudeó Marian.
- Creo que lo son - contestó:sombrÃamente Withers -. Entre en la casa y busque a mi esposa.
- ¡Nophaie!… ¿Lo ha visto usted? - susurró Marian.
- Está usted tan blanca como una hoja de papel, muchacha. ¡Y está temblando, además! Bien; no es extraño. Pero será preciso que se prepare para oÃr lo peor… Traje a Nophaie en el automóvil de Presbey. Está vivo… y, por lo que he podido ver, no está herido. Pero no se encuentra bien… ¡Es extraño!… Ahà viene mi esposa. También parece estar asustada.
En tanto que Withers medio la conducÃa y medio la empujaba hacia el interior de la casa, Marian luchó desesperadamente por alejar de sà la negrura del desmayo que amenazaba acometerla. Withers la forzó a tomar asiento, y permaneció en pie en tanto que se limpiaba el polvoriento rostro.