Odio de razas
Odio de razas Aquella primavera, los corderos habÃan llegado pronto, demasiado tempranamentc si se tenÃa en cuenta el hálito helado de las auroras. Unos cuantos corderos habÃan sucumbido a los efectos del frÃo. Más de un corderito, blanco y rosado, habÃa:sido tiernamente envuelto en la manta de Nophaie y calentado, y cuidado.hasta que el calor del sol le permitió volver junto a la madre. Los corderos y los carneros contaban pocos dÃas de, edad, eran lanudos y lo suficientemente fuertes para que pudieran triscar entre la vegetación. Algunos de ellos eran intensamente negros, y otros muchos completamente blancos; y varios tenÃan unas bonitas manchas blancas sobre negro, patas negras y orejas blancas. Uno era de un puro blanco y tenÃa la cabeza negra; otro, era completamente negro, con excepción del rabo, que lo tenÃa blanco. La muerta quietud del alba en el desierto fue rota frecuentemente por el balido dulce y agudo de aquellos corderos y carneros. Nophaie vagabundeó con ellos, sentándose a veces en alguna piedra para descansar, siempre vigilando, escuchando, sintiendo. QuerÃa a su rebaño; pero no lo sabÃa. Su labor era solitaria; pero no lo apreciaba.
