Odio de razas
Odio de razas El rebaño continuó marchando lentamente, como una masa moviente y punteada de blanco ante el fondo gris, desgarrando la salvia, mordisqueando los hierbajos. Traddy y Tinny trotaban de un lado para otro, malhumorados y ariscos; eran perros indios que conocían bien su misión y que raramente se veían precisados a lanzar un ladrido de advertencia. Nophaie marchaba pausadamente tras las reses, vigilante y absorto. Un águila descendió desde su elevado nido y se disparó, como un relámpago, sobre el rebaño, hasta que vio al niño indio en vigilante actitud, y entonces comenzó a elevarse más y más, con sus anchas alas hacia la libertad y se alejó a través de los cielos. Su forma se destacó como un punto negro y arqueado ante el azul del espacio. Un coyote lanzó su desolada nota de hambre. Desde la altura, un vencejo trino) su canción extraña, dulce y silvestre.
El sol se elevó a mayor altura. El dorado cordón de rayos solares que se tendía sobre los bordes de los muros y de las mesetas y los monumentos se ensanchó hacia abajo, usurpó sus dominios a las sombras. El alba y su frialdad palidecieron y se derritieron ante el calor del día. Y el desierto cambió nuevamente. La sombra y el color y frescor parecieron haber sido devorados por una luz intensa y dominadora.
