RĂo perdido
RĂo perdido —¡Oh Ben…, cuánto me alegro de verte! —repuso la muchacha, separándose un poco, pero sin dejar de abrazarlo—. ¡QuĂ© grande eres! ¡QuĂ© bien has hecho en venir… en seguida! Le estoy muy agradecida a Nevada. Es un buen muchacho… Ben, quiero que vengas conmigo para que veas a nuestra madre. Está sola, pero podrĂa venir alguien. TĂş y yo podremos hablar despuĂ©s. ConfĂo que la sorpresa no será perjudicial a mamá; es más, creo que eso la pondrá buena. Ven… Pero quĂ© torpe eres, Ben…, y cĂłmo suenan tus espuelas.