RÃo perdido
RÃo perdido —Ya vienen Nevada y Modoc —exclamó el joven—. Y vienen al galope, lo cual quiere decir que han vendido más caballos. ¿Me traerán noticias de casa?
BenjamÃn jamás habÃa dejado de esperar noticias de los suyos, aunque muy raras veces las recibiera.
Muy de tarde en tarde, su hermana Hettie, única que le quedaba fiel, se las arreglaba para mandarle una carta. La última databa de harÃa seis meses. Ahora, con la llega da de la primavera, parecÃa que se despertaron en BenjamÃn los sentimientos dormidos. Durante el largo y frÃo invierno habÃa vivido como una especie de oso en su sueño invernal. Los gritos de los patos silvestres y la renovada fragancia de la artemisa, las grises laderas desprovistas de su manto de nieve y las manadas de caballos salvajes, todo ello removió en su corazón el deseo, de antiguo sentido, de adentrarse en la montaña y al mismo tiempo despertáronse los más vivos recuerdos de su madre y de su hermana, de su padre, austero e inexorable, de la granja donde naciera y de los felices dÃas de su infancia.