RÃo perdido
RÃo perdido —SÃ, señor. Y ésa fue la causa de nuestro primer choque. Hemos tenido otros. Creo, sin embargo, que, una vez le pasa el enfado, me admira por el valor. Le he oÃdo decirle a Katie que debÃa imitarme. Mi hermana no gusta de mis vestidos, ni de mis ideas; no nos llevamos bien. En cambio, mi madre y yo, cuando estamos solas, vamos entendiéndonos cada vez mejor. Yo estoy ayudándola y me quedaré aquà por ella y los pequeños.
—Nunca creà que pudieras tener disgustos en tu casa… ¡Qué vergüenza!… Pero, naturalmente, tu padre pronto te casará con algunos de sus socios como ese Less Setter o ese petimetre de Macadam, del que oigo hablar tanto.
—Me halagas, Ben —repuso Ina con voz extraña—. Tú te has olvidado de mÃ… y de muchas cosas. —No…, no. Perdóname, Ina. Eres tú quien olvida. He vivido una vida muy dura y solitaria desde que los dos…, desde que te marchaste. Juro que siempre he sido honrado, pero no he hecho nada que pudiera elevarme a tu nivel… ¡Oh, no digas que te he olvidado!