RÃo perdido
RÃo perdido —Mala fue la ida, pero la vuelta… fue un infierno. —¿Encontraste a tu madre bien?
—SÃ, bastante; mejor de lo que creÃ. Y la animé mucho. ¡Dios mÃo!, las cosas que he jurado hacer, Nevada, jamás podré realizarlas. Sin embargo…, es preciso.
—Claro. Ya comprendo. Y de Hettie, ¿qué? —preguntó el vaquero con ansiedad.
—Mi sorpresa al verla fue tremenda —dijo Ben—. Está hecha una verdadera mujer, pero lo que más me chocó fue su alegrÃa y su confianza. Pues estoy por decir que se alegró mucho de verme.
—Sà que está eso divertido, ¿verdad? —repuso Nevada—: Bueno… ¿Vistes al viejo?
—No, gracias a Dios.
—¿Ni a otro que cree que eres un desdichado cuatrero?
—No, en eso he tenido suerte. Ni siquiera en Hammell. Vi a Strobel, el alguacil mayor, y estoy seguro que es un gran amigo mÃo. No cree en los chismes.
—¡Muy bien! Entonces, ¿a qué viene estar enfadado? Paréceme que no tienes razón de quejarte.