RÃo perdido
RÃo perdido —¡Pues sà que debéis estar cansados y hambrientos…! Tú, ¿cómo, estás, Modoc?…
—Malo. Ciudad no ser bueno para indio —contestó el piel roja riendo entre dientes.
—Mira, Ben, yo no darÃa esta cabaña y estos alrededores por ninguna ciudad del mundo —declaró Nevada.
—Ni yo tampoco, si tú y Modoc estuvieseis siempre aquÃ…; pero asÃ, solo, se aburre uno —repuso BenjamÃn, dedicándose a descargar los animales.
A poco Modoc se llevó los caballos, cuya pelambre humeaba de sudor.
—Nevada, has traÃdo una cantidad de provisiones tremenda —continuó BenjamÃn contemplando la multitud de cajas, sacos y balas que estaban en el suelo.
—Porque he comprado todo lo que se me ha ocurrido —observó Nevada.
—Es la primera vez que, desde hace años, me siento rico de verdad. Ahora voy a meterlo todo en la cabaña y después prepararé el desayuno.
Mientras BenjamÃn se dedicó a la tarea de almacenar la gran cantidad de provisiones que Nevada habÃa traÃdo; éste sentóse sobre una de las camas, cubierta con colcha roja y empezó a charlar.