RÃo perdido
RÃo perdido —¡Caramba! —exclamó Nevada, después de empujar una de las rocas hacia un sitio más conveniente—. ¿Y éste es todo el trabajo que tenemos que hacer? Casi da vergüenza aceptar después el dinero.
—Aún falta lo peor —observó Ben, satisfecho.
—¿Te refieres a sacar los caballos de la hondonada, después de cazarlos? —preguntó Nevada.
—Claro, hombre. Será el hueso más duro que nos habrá tocado en todos los dÃas de nuestra vida.
El vaquero, al oÃrlo, perdió su entusiasmo y se puso a pensar. Al regresar al campamento, Modoc explicó uno de los métodos de que se valieron los indios para capturar los caballos después de encerrarlos en la trampa. ConsistÃa en dejarlos salir uno a uno por la puerta y echarles el lazo en aquel momento. Mas Ben no quiso aceptar este plan, considerándolo poco práctico para él. Los indios no deseaban nunca más que unos pocos caballos, mientras que él querÃa muchos. Se necesitarÃa, pues, tiempo para capturarlos.
—Bueno, esperaremos a ver cuántos cogemos en la trampa y si son buenos —decidió el joven por último.
—Me parece que eso será lo mejor —repuso Nevada—. Tengo una idea acerca del mejor modo de hacernos con ellos, pero costará trabajo.