RÃo perdido
RÃo perdido —Bueno, os voy a decir la idea que tengo —empezó Nevada, de un modo casual, levantándose para escrutar el enorme y sombrÃo abismo—. Se trata de una gran manada. Habrá entre ellos caballos excelentes y otros de buena cepa. Nos costará dinero cogerlos y mantenerlos todos, pero el coste no es nada comparado con su valor. Enviemos a Modoc a Hammell en busca de paja y granos, alambre, cuerdas y clavos. Necesitaremos algunos carros; llenos, de todo; desde la carretera podemos subirlo a lomos de caballos. Mientras Modoc está ausente cortaremos estacas para un cercado para construir un gran corral. Desde aquà tira remos comida a los caballos, y cuando todo esté listo, dejaremos entrar a algunos en el corral para cogerlos y domarlos. Pocos a un tiempo, desde luego; mientras tanto, el resto de la manada se irá acostumbrando a vernos. ¿Eh?
—Maravillosa idea, Nevada —aseveró Ben—. Y si hay tantos como tú dices, tendremos trabajo para un mes o más.
—Ya sabes, Ben, que una manada de caballos de noche siempre engaña —dijo Nevada gravemente—. Hasta una pequeña manada se compone de muchos caballos y la que hemos visto esta noche era muy grande.
Siempre está animándome, Nevada —repuso Ben, alegre. Suspiró profundamente, diciendo después—: Por vida de…, algún dÃa…