RĂo perdido
RĂo perdido —Ben, esto me saca de mis casillas —dijo el vaquero en voz baja—. Hay, cuando menos, ciento cincuenta caballos en esa manada, y creo que no los he visto nunca mejores.
—Echemos otra mirada y luego, aprisa, al campamento para empezar a trabajar —dijo Ben.
Esta vez Ben estuvo mirando largo rato y con serenidad, llegando a la conclusiĂłn de que Nevada no habĂa exagerado al, hacer el cálculo. ¡QuĂ© esplĂ©ndida manada! Ben no pudo llegar a percibir el garañón que hizo de guĂa, mas vio bastantes caballos que eran tan hermosos como aquĂ©l, y su corazĂłn de cazador llenĂłse de alegrĂa y de gozo.
—Creo que ahora va podemos dejarnos ver —dijo Nevada, poniéndose derecho en el borde del precipicio.