RÃo perdido
RÃo perdido Ben levantóse también a tiempo para observar que los caballos, al ver a Nevada, empezaban a relinchar furiosa mente, dando con fuerza con los cascos sobre el duro suelo y corriendo de un lado a otro los que tenÃan sitio para hacerlo. Muchos de los de afuera volvieron a internarse en la oscura caverna, otros trataban de escalar la pina pared; los que se hallaban en la pista, viéronse empujados por otros que ocupaban su lugar. Una nube de polvo blanco y rojizo levantóse, ocultándolos en parte. Nevada gritó hacia los caballos capturados, mas Ben no entendió lo que dijo. Cogiéndole por un brazo le obligó a seguirle, yendo tras Modoc, que corrÃa hacia el campamento.
El desayuno transcurrió alegremente, y luego enviaron a Modoc, con urgencia, a Hammell; Ben y Nevada empezaron en seguida la larga y dura tarea que se habÃan impuesto.
Durante aquel dÃa dejaron muchas veces su trabajo de cortar estacas para acercarse al borde del precipicio a fin de contemplar la manada, y que ésta les viera a ellos. Cada vez que lo hacÃan, sucedÃa abajo una terrible escena de inquieto correr. El segundo dÃa transcurrió del mismo modo, mas al tercero, los caballos salvajes empezaron a acostumbrarse a ver a sus captores.
Por fin llegó Modoc con los caballos de carga, anunciando que los carros, llegarÃan Al final de la carrera la tarde del mismo dÃa.