RÃo perdido
RÃo perdido Al anochecer, el apetito de Ina habÃase convertido en hambre. Tuvo el placer de ayudar a su madre, en la pequeña cocina del campamento, en la preparación de la cena. Al llegar la hora, vino Marvie, sucio y desgreñado, con el aburrimiento en el rostro.
—¡Ca, no hay peces aquÃ! —exclamó, al preguntarle Ina solÃcitamente por la causa de su enojo—. He recorrido cuando menos cuarenta mil millas y no he visto más que fango y más fango. Agua clara y limpia, donde se pueda pescar, no la hay en ese lago.
—¿Has llegado a… RÃo Perdido? —preguntó Inc.
—SÃ, pero sólo un trecho. Fui a la cabaña de Ben Ide. Mala suerte la mÃa, porque estaba fuera. Y, por lo que vi, parece que hace tiempo que está ausente. ¡Y yo que confiaba en él!
—Bueno, Marvie; Ben volverá pronto —repuso Ina peguntándose, sin embargo, dónde estarÃa Ben.
Marvie se mostró inconsolable y su desgracia subió de punto cuando le vio su padre.
—¿Dónde has estado? —Pescando.
—¿Es que es necesario ensuciarse tanto para pescar?
—Claro. No soy un pescador dominguero.
—Marvie, creo que eres un chico gandul, que odia el trabajo —declaró el señor Blaine con severidad.