RÃo perdido
RÃo perdido —No es verdad, papá —repuso Marvie con calor—. Tú dijiste que podrÃa pescar todo el tiempo que quisiera. Ahora estamos en vacaciones y, además, he hecho los exámenes con muy buenas notas.
—SÃ, lo sé. Y no me vuelvo atrás en lo que dije. Sólo estaba pensando que tal vez con la pesca y la caza lleves camino de convertirte en otro Ben Ide.
Marvie se puso rojo como la grana y ya iba a replicar con viveza, cuando vio la mirada de Ina: A la hora de la cena, el muchacho se presentó lavado y peinado, luciendo blusa limpia, lo que causó buena impresión en su padre. Más tarde, Marvie fue a ver a su hermana, que descansaba en la hamaca contemplando la puesta del sol. Con profundidad inadecuada a sus pocos años, dijo el muchacho a Ina:
—Oye, Ina. Ben Ide es la obsesión de papá. Es muy extraño y me gustarÃa saber por qué. ¿Qué hará papá cuando sepa que Ben no es lo que quieren que sea?
—Eso mismo quisiera saber yo —murmuró Ina, con ganas de besar a su hermano por la fe que tenÃa en Ben Ide.