Río perdido
Río perdido Los primeros días del verano pasaron rápidamente. Ina tenía horas muy atareadas y otras de absoluta quietud, sintiéndose la joven muy feliz en aquel ambiente. El hecho más saliente de aquel verano era para Ina que su madre mejoraba espiritualmente. La señora Blaine vióse de pronto frente a tareas de antiguo conocidas, costumbres de toda una vida que tuvieron que desaparecer ante la repentina riqueza; y la madre de Ina era ahora otra mujer. Su hija advirtió con creciente curiosidad el modo cómo el cambio afectó a su padre, a quien dio mucho que pensar. El señor Blaine era, en el fondo, bueno y amante de su familia, y cuando una idea penetraba en su cerebro, solía desarrollarla hasta obtener un resultado positivo.
El sábado siguiente, el rancho ruinoso había cambiado de aspecto; todos los desechos habían sido quemados, las nuevas cercas, corrales, techos y cobertizos relucían al: sol y estaba construyéndose un gran granero y también otras innovaciones daban prueba de la energía y buena dirección de Hart Blaine.